Amarillo, el color más temido por las mamás

El nacimiento de un bebé es un momento muy esperado, de mucha felicidad, pero también de mucha tensión, porque cada recién nacido es distinto y, si es el primero, se desconoce casi todo lo relacionado con su cuidado. El momento de entablar vínculo con un ser pequeño que no habla y cuyo llanto y otras formas de expresión preverbales son difíciles de interpretar, traen confusión y nervios.

Entonces, cualquier síntoma preocupa. Si en la clínica u hospital detectan que al pequeño se le ha subido la bilirrubina, la criatura es atendida inmediatamente y esa mamá se siente contenida. Si, por el contrario, es en un control de rutina, en el que le dicen que la criatura debe quedar internada con ictericia, la angustia gana terreno. En general, el pronóstico es bueno, sin mayores complicaciones más allá del color amarillento que los tiñe hasta que se estabilizan.

“La ictericia es la tinción de color amarillento de la piel y las mucosas, como las conjuntivas oculares. Es una situación frecuente en los recién nacidos, más aún si son prematuros. Se debe al aumento de la bilirrubina, que es un pigmento que está en la sangre (por la degradación normal de los glóbulos rojos) y que debe ser eliminada por el hígado el cual, en los recién nacidos, es inmaduro”, explica Héctor Pedicino, presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial Córdoba. “Esta situación hace que la bilirrubina aumente su nivel y tiña de amarillo la piel y las mucosas de los bebes”, añade.

Pedicino agrega que, en condiciones habituales, la bilirrubina comienza a elevarse entre el segundo y tercer día, hace su pico máximo alrededor del quinto o sexto, para descender lentamente hasta desaparecer alrededor de los 15 días. “Por eso es que se recomienda que entre el segundo y cuarto día de vida el niño sea controlado por el médico ya que puede ser difícil para las mamás valorar por sí solas la intensidad del color”, continúa. Esta situación se denomina “ictericia fisiológica” y se da en el 60 por ciento de todos los recién nacidos.

“Una creencia popular es que la suspensión de la alimentación con lactancia materna puede favorecer el descenso de la bilirrubina, pero en el caso de las ictericias fisiológicas (las que se producen en niños sanos) no tiene asidero científico ni utilidad, ya que este es un proceso normal en la vida de muchos recién nacidos”, enfatiza el médico pediatra.

El riesgo de ictericia grave, que necesita internación para su tratamiento, puede disminuir alimentando al bebe frecuentemente, entre ocho y 12 veces al día. También es importante que, durante la gestación, el embarazo sea controlado adecuadamente, para que el médico conozca la condición clínica de la mamá y actúe en forma temprana.

Las ictericias patológicas, asociadas a enfermedades, deben ser diferenciadas por la valoración de un médico pediatra y son mucho menos frecuentes. Entre las enfermedades que pueden producir esta situación se incluyen: afecciones hepáticas, anemias, incompatibilidad sanguínea de la mamá con el bebe, infecciones congénitas o adquiridas.

Prematuros

María Cecilia Avancini, médica pediatra y jefa de Pediatría de Vittal, explica que la ictericia del prematuro se produce porque los bebés que nacen antes de 37 o 38 semanas no siempre son capaces de alimentarse adecuadamente y sus cuerpos están todavía menos preparados para excretar la bilirrubina eficazmente.

En tanto, en la ictericia asociada con la lactancia materna, la afección puede generarse cuando un bebé amamantado no está ingiriendo suficiente cantidad de leche materna, lo que se denomina “ictericia por no amamantamiento”, ya sea por sus dificultades con la lactancia o porque a su madre todavía no le ha subido la leche. También puede ocurrir cuando la alimentación se programa con base en el reloj y no por la demanda espontánea del bebé.

Entre el 1 y el 2 por ciento de los bebés amamantados presentan un tipo de ictericia provocada por sustancias presentes en la leche materna que pueden hacer que aumente la concentración de bilirrubina en sangre, dado que impiden su excreción a través de los intestinos.

Finalmente, si un bebé tiene un grupo sanguíneo distinto al de su madre, es posible que ella fabrique anticuerpos que destruyan los glóbulos rojos del bebé y generen una acumulación repentina de bilirrubina en la sangre del lactante.

Los controles prenatales anticipan el tratamiento

La mujer debe llegar al parto con toda la información.

Los controles prenatales anticipan el tratamiento, especialmente en prematuros y bebés con factor sanguíneo distinto al que tiene su madre.

La serie de chequeos médicos durante el embarazo ayuda a determinar el riesgo de que el niño nazca en forma anticipada.

También hay que estar atentos cuando el grupo y factor sanguíneo de los progenitores no coincide, especialmente en el segundo embarazo.

Cuándo existe el riesgo de complicaciones

Condiciones que deben tenerse en cuenta al evaluar.

–Cuando coincide con la ingesta de algunos tipos específicos de medicamentos.

–Cuando el bebé tiene infecciones congénitas, como rubéola y sífilis.

–Cuando el niño tiene enfermedades que afectan el hígado o las vías biliares, como la fibrosis quística o la hepatitis.

-Cuando hay infecciones (sepsis).

–Cuando el niño tiene ciertos trastornos hereditarios o genéticos.

–Cuando los bebés han nacido en forma prematura.

Condiciones de alerta

Circunstancias que requieren inmediata consulta médica.

Síntomas para estar atento:

–Cuando el niño está muy amarillo.

–Si el color se extiende, oscurece o intensifica.

–Cuando el niño se alimenta mal.

–Cuando el niño muestra hipoactividad.

–Cuando, además del color, tiene fiebre.

–Cuando el niño tiene condiciones de riesgo. Por ejemplo, los prematuros.

–Si percibe al niño más somnoliento que de costumbre.

 

Por Valia Yankilevich*

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/salud/amarillo-el-color-mas-temido-por-las-mamas

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